Educación Cívica

Miercoles, Junio 18, 2008

La situación es así:

Martes 13 horas y fracción: subo a la micro para ir a casa a almorzar, sagrada rutina diaria, me ubico en asiento cualquiera de la micro, total nadie reserva pasajes y tampoco existe la reserva de pasajes en la locomoción colectiva. A unos asientos de distancia 2 chicas, jugando con su teléfono, normal si eso lo hacemos todos, si pero este era de esos polifónicos, como todos en la actualidad, si pero las niñas iban escuchando música y no con audífonos y yo que quería acortar el viaje leyéndome un “paper” de un par de hojas y tuve que acortarlo forzosamente escuchando reggaeton en fin.

Martes 14:30 horas:, subo a la micro camino a la pega, me siento un par de filas de asientos antes del fin de la micro, una para no ser el último en llegar y dos para no irme encima de la “ruea”, a poco andar vamos con más reggaeton desde un teléfono con el que “jugaban” un par de chicos, fuerte el volumen de la música, pero en fin es lo que se lleva (sic…).

En ambos situaciones ganas de pedirles que bajaran la música o que lisa y llanamente la apagaran y, en ambos casos no hice nada, talvez en el primero de “caballero” y en el segundo porque simplemente me superaban y número y en estos días nadie sabe como reacciona la gente.

De ambos casos saco un par de reflexiones.

¿Porque tengo que enterarme en la micro de que te están llamando? y no me refiero a que no debas contestar, muy por el contrario, el tema pasa ni siquiera por la música sino por lo fuerte que la tienen, ello claramente molesta y más porque estamos en nuestra querida e imperfecta democracia, no tengo porque soportar cosas que en espacios públicos heterogéneos no se han de permitir. Pon la música de tu teléfono con el volumen que quieras cuando estés en tu casa o cuando estés con amigos en espacios privados donde además asumo compartes gustos y preferencias, insisto no en espacios públicos donde tu libertad termina cuando comienza la mía y viceversa.


“La radio del vehículo puede funcionar, con volumen moderado y siempre que ningún pasajero se oponga” Art. 50 DS Nº 212/92.

¿Cuántas veces te has subido a una micro, en todos lados de Chile, hasta en Santiago antes de la hecatombe?, y la radio está a todo chancho con la música favorita del chofer, por lo general cumbias y nada contra las cumbias de hecho un matrimonio sin ellas literalmente no es tal cosa.

¿A cuantos de nosotros no nos ha molestado en más de una ocasión alguno de estos dos casos?, ¿Cuántos de nosotros hacemos valer el simple derecho a que respeten nuestro metro cuadrado?, por ejemplo en el segundo de los casos yendo hacia el chofer a pedirle que le baje el volumen a la radio. Al menos yo no lo hago, no sé si por lata, falta de personalidad, claramente esto no es, o por miedo a la reacción del chofer, que de seguro te dirá que es lo único que tiene para distraerse mientras maneja, a lo que debiera responder ¡error!, usted no puede ni debe distraerse usted debe concentrarse en su pega y más que cualquiera de nosotros en la propia.

En fin la moraleja parece ser que si tú al igual que yo no somos capaces de pedir, ni quiera me digo exigir, el segundo de los casos es Decreto Supremo, el respeto a ciertos espacios mínimos de libertad, la que ya está dicho termina donde comienza la de otro, no tenemos derecho a exigir más de esta sociedad, lamentable.

Pero lamentable también es la falta de educación cívica en nuestros compatriotas, de esa educación cívica en la que te enseñan, valores y respeto a las libertades individuales colectivas de los demás, y que más que exigibles se han de cumplir perse, ya que los demás por quedarse callados necesariamente implican que aceptan lo que pasa a su alrededor.

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