Del Plátano oriental al Quillay
Viernes, Marzo 26, 2010
Debido al terremoto del 27F tuve que dejar o mejor dicho me vi obligado a dejar mi viejo y querido barrio de adobe y mudarme a otro más “nuevo” que el anterior y que a parte de la obvias diferencias constructivas, y otras tantas como el hecho que le haya tenido que agregar al menos 30 minutos tanto de ida como de vuelta a mis habituales desplazamientos y por ende quitado el mismo tiempo a la vida, se diferencia del anterior en la vegetación urbana que adorna las calles del mismo.
En mi antiguo y siempre recordado barrio y más específicamente en mi cuadra casi no habían árboles, sólo los grises postes del alumbrado público, es más sólo al llegar a la esquina aparecían los primeros ejemplares de plátano oriental los cuales se eternizan por cuadras y cuadras, interrumpidos de cuando en cuando en su reinado por las poco limpias acacias uno que otro acer, melias y olmos que completaban el por lo general gris paisaje por el cual me desplazaba a diario. Eso hasta hace un par de semanas cuando “emigré” y mi paisaje cambió bruscamente, y desde ese momento mis pasos son acompañados quillayes, aromos chilenos, araucarias brasileñas, maitenes y hasta sauces entre otras especies que en este momento no recuerdo es decir puedo decir y afirmar que el terremoto del 27 F le dio diversidad a mi vida (sic…).
Sin embargo no todo puede ser perfecto, y de hecho no lo es, tanta diversidad me huele antojadiza y establecido con el clásico criterio de “me gusta” sin entrar en más consideraciones respecto de los requerimientos de las plantas, en general se tiende a pensar que es sólo agua y uno que otro abono, pero que pasa cuando en el caso de una plaza o parque conviven en el mismo espacio especies coníferas con latifoliadas, (pinos con álamos) perennifolias, por poner un caso simple, los requerimientos de las mismas ya son distintos y más aún si nos adentramos en dicha clasificación que separa más y más las especies y por ende sus requerimientos nutricionales, de los cuales a fin de cuenta depende la mejor expresión “visual” de las mismas, que es la que da el goce a la población. Bajo esa perspectiva el mono cultivar en la ciudad no siendo la mejor opción bajo el punto de vista ambiental y visual, si pareciera serlo desde el punto de vista económico y para los siempre escuálidos presupuestos municipales ello importa. No sé si ello se aplica a juntas de vecinos que tienen gente para que les cuide los parques, entendiéndose por ello a que rieguen y poden los jardines, y que asumo ganaran cercano al mínimo, y la verdad es algo a considerar.
Otro de los aspectos negativos del asunto, es que si bien tiendo a pasar por alto los requerimientos nutricionales de los ejemplares, el resto del manejo parece no existir, las copas están pegadas unas de otras, la primera rama a ratos esta como 1,5 metros, esta bien que los chilenos no seamos muy altos pero medimos en promedio más que eso, y que hablar de las raíces las cuales a no tener suelo en el cual profundizar en busca de agua y nutrientes se desvían hacia la superficie levantando y destruyendo veredas y calles con el consiguiente riesgo para los peatones, ambas situaciones no están consideradas en la actualidad en ninguno de los dos casos.
Producto del terremoto del 27 de febrero se ha hablado que hay que transformar la catástrofe en una oportunidad, que debemos repensar las ciudades, abrir espacios en las mismas, incorporar mejores sistemas constructivos, olvidando que lo que se cayó fue el Chile de adobe y que en general el otro está en pie y si no está es por negligencia o falta de prolijidad al construir y eso debe investigar y sancionar, y la verdad estoy de acuerdo en dicha necesidad, si bien es cierto que en esta pasada no nos queda otra, pero ojo el llamado es a considerar en los nuevos diseños una adecuada carga de vegetación, proyectar su crecimiento junto al crecimiento potencial de las nuevas ciudades, cosa que la vegetación pueda expresar de la mejor manera posible todas las “virtudes” por las cuales deseamos estén en las ciudades, belleza, sombra, relajo, etc., incorporar diversidad florística en las calles y parques pero con un sentido claro de que diversidad en si también implica equilibrio, sino es cosa de ver la diversidad en la naturaleza, donde todo se complementa, sacando y dando lo mejor que sus condiciones de vida le permiten, y creo que las ciudades las debemos pensar de esa manera, sólo así podremos decir que aprendimos la lección del 27 F y que no sólo viviremos en casas y edificios más seguros, sino que en ciudades más armoniosas, es decir tendremos mejor calidad de vida , dando no un paso sino un verdadero salto al desarrollo.
- Escrito por chavp a las 17:38:48 en Medio Ambiente
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